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Magazines never die

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Me encantan las revistas. Siempre estuvieron en mi casa. Mi madre leía Cosas, la compraba sagradamente cada quincena. Era la época en que la revista de la Comandari tenía portadas con personajes exclusivos. No había caso si tu ibas a Cosas, la Cosas debía ir a ti. Así me enteré de las intrigas de palacio, de condesas y duques que jamás en mi corta vida imaginé que existían, y leí las declaraciones y los “nuevos estados de ánimo” de cuánta diva de televisión hubiera (Bolocco siempre puntera). Por mi parte también me hice comprador y lector de revistas. Muchas de dudosa calidad, tanto así que no me atrevo a confesar cuáles eran, hasta que llegué al imaginario de Ediciones e Impresos y morí con Paparazzi, ED y Capital. Era el comienzo. Pronto me haría cargo de mi viudez a las revistas de factura nacional cuando conocí Vogue, Vanity Fair, Esquire, Premiere (Q.E.P.D.), GQ, Interview, New York y tantas otras.

Otro mundo, otra cosa. Yo no sé qué pasa con el estado del arte y del diseño de las revistas en Chile. Hay años luz entre un The Economist y un Qué Pasa. El asunto es que en tiempos de Web 2.0, de Kindle para leer libros, de Twitter para mensajes cortos e instantáneos, y de medios de comunicación como el Huffington Post, el reinado de las revistas está en retirada. Se habla de costos publicitarios que no están siendo solventados. Que han bajado las ventas. Que la actual crisis económica ha sido el mejor espejo para registrar el panorama adverso que las publicaciones en papel están viviendo. Lo cierto es que nada se compara con la experiencia del papel, de hojear la revista, de tomarle el olor a las páginas, de coleccionarlas. Se está hablando mucho del futuro de las revistas. Y en eso, encuentro un gran artículo sobre S.I. Newhouse, el propietario de Condé Nast, el gran consorcio editorial con sede en Times Square y que reúne títulos tan emblemáticos como Vogue, Vanity Fair, New Yorker, GQ, Details, Architectural Digest y tantas otras. Un gran artículo publicado por la revista New York donde se menciona a este tipo de medio ya como una suerte de vieja escuela. Newhouse como el creador de esta gran fantasía editorial que factura millones, que ha sido el semillero de grandes editores como Anna Wintour (Vogue) y Graydon Carter (Vanity Fair) y de fotógrafos como la grandiosa Annie Leibovitz. Toda su historia y en el momento comercial que vive Condé Nast (que para mi sería algo así como lo que es Disney para mis sobrinos chicos) lo pueden leer acá

Condé Nast 2

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